Argentina tiene el índice más alto de la región, ¿qué sigue?

Pese a la reciente mejora en la calificación crediticia de Argentina por parte de Moody’s, que elevó la nota de Caa1 a B3 y pasó la perspectiva de estable a positiva, el riesgo país argentino tuvo una semana complicada. Este viernes, se acercó a los 450 puntos básicos, aunque terminó la jornada sin cambios respecto al día anterior. Aún así, tras un aumento en días previos, el indicador, que mide el costo de financiamiento de la deuda soberana, se mantiene como el más alto de América Latina, excluyendo a Venezuela.

Con la mirada puesta en alcanzar el grado de inversión para 2031, el viceministro de Economía, José Luis Daza, sugirió que “el riesgo país debería bajar entre 200 y 300 puntos base”. Celebró la decisión de la agencia de calificación, pero al día siguiente, el índice subió un 6,6% (+27 puntos), impulsado por la incertidumbre global tras el recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente.

Antes de eso, el índice de riesgo de Argentina, que marcaba 417 puntos básicos, había estado por debajo de los indicadores de Bolivia (426 p.b.) y Ecuador (421 p.b.), pero esa mejora se desvaneció rápidamente. Esto refleja cómo factores internacionales, como el aumento de tasas de bonos en EEUU, impactan negativamente en todos los emergentes, y Argentina ha sentido este golpe de manera más intensa, evidenciando una clara fragilidad frente a eventos globales.

En cuanto a la situación internacional, la tensión en el estrecho de Ormuz hizo que el petróleo Brent superara los 100 dólares por barril, aunque luego retrocedió a 97 dólares. Esta variación generó una presión considerable en el mercado energético mundial, con un aumento semanal de aproximadamente 10%.

La próxima reunión de la Reserva Federal será clave, sobre todo dada la incertidumbre que enfrenta el mercado. Aunque se espera que mantengan las tasas, la probabilidad de un aumento se sitúa en 35%, un número relevante. En este contexto, el mercado sigue anticipando dos incrementos extra de tasas hasta final de año.

Además de estos catalizadores internacionales, varios factores locales han influido en la reciente volatilidad. Lo más notable fueron los datos del EMAE, que mostraron una segunda caída mensual consecutiva en mayo, quedando un 0,5% por debajo de abril, contradiciendo las expectativas del mercado. También, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) cayó un 4,78% en julio, y un 12,3% respecto al año pasado. Esto genera expectativas negativas sobre el próximo Índice de Confianza en el Gobierno, que probablemente no presentará cifras alentadoras.

Los ahorristas tienen la vista puesta en 2027, con el riesgo electoral como principal preocupación. Un analista de una institución financiera reconocida afirmó que “no se trata de una cuestión de capacidad de pago, sino de voluntad de pago”: el riesgo país sigue alto porque hay temores acerca de que surjan opciones presidenciales que cuestionen la validez de la deuda externa.

Los inversores en la city comienzan a pensar que el futuro más probable para 2027 será el de una economía dual y, posiblemente, una política dual. Expertos como Andrés Reschini subrayan que el ICC está en niveles que preceden reelecciones previas, y resalta que los índices actuales no son un buen augurio para futuros líderes.

El analista Rafael Di Giorno destacó que la inversión privada tampoco se ha comportado como se esperaba. A pesar de las oportunidades en Vaca Muerta y la minería, se ha registrado una caída de la inversión por cuarto trimestre consecutivo, alcanzando cifras muy por debajo de los récords previos.

A cuánto puede llegar el riesgo país

Los expertos, incluyendo a José Luis Daza y Luis “Toto” Caputo, son optimistas y creen que hay margen para una disminución del riesgo país, siempre que el Gobierno logre establecer reformas en el Congreso y mejore el clima financiero internacional. Sin embargo, la situación podría complicarse si no se logran avances en estos frentes.

A pesar de esto, el Gobierno sostiene que los niveles actuales del riesgo país son demasiado altos para tomar deuda en los mercados internacionales. En un escenario base, el riesgo país podría fluctuar entre 425 y 500 puntos básicos, mientras que en un contexto más favorable, podría bajar a un rango de 350 a 425 puntos básicos. Pasar por debajo de esos niveles sería un signo positivo para Argentina.

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